Ana y Amaia. ( power point )


Píramo y Tisbe.









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Era Píramo el joven más apuesto y Tisbe la más bella de las chicas de Oriente. Vivían en la antigua Babilonia, en casas contiguas. Su proximidad les hizo conocerse y empezar a quererse. Con el tiempo creció el amor. Sus padres se oponían a esta relación, y por ello se comunicaban con gestos y miradas.
Un día, descubrieron una pequeña ranura en la pared. A través de ella pasaban sus palabras de ternura, a veces también su desesperación: no podían verse ni tocarse. Todas las noches se despedían besando cada uno su lado de la pared.
Un día tomaron la decisión de encontrarse por fin, lo hicieron de noche para no ser vistos ni oídos. Quedaron junto al monumento de Nino, afueras de la cuidad.
Tisbe llegó la primera, pero divisó a una leona que se acercaba y se escondió en una cueva para que no la atacara. En la huida, se le cayó el velo, y la leona, jugueteando, lo manchó de sangre.
Cuando Píramo llegó a la morera, vió el velo ensangrentado y descubrió las huellas del animal, por lo que llegó a la conclusión de que la leona había matado a Tisbe, su amada, y sacó su puñal y se lo clavó en el pecho. Su sangre tiñó de púrpura los frutos del árbol, de ahí viene el color de las moras según Ovidio.
Tisbe, con miedo, salió cuidadosamente de su escondite. Cuando llegó al lugar vio que las moras habían cambiado de color y dudó de si era o no el sitio convenido. En cuanto vió a Píramo, su amado, con el puñal en el pecho y todo cubierto de sangre, le abrazó y, a su vez, le sacó el puñal del pecho y se suicidó clavándose el mismo con el que su amor se quitó la vida. Los dioses apenados por la tragedia hicieron que los padres de los amados permitiesen sepultar los cuerpos juntos, y desde aquel dia los frutos de la morera quedaron teñidos de púrpura.